Después de derramar el café y quemar las tostadas, el hombre -un ejecutivo exitoso, aunque bastante torpe en las cuestiones domésticas- se rinde ante el reproche de su pequeño hijo:
“Mamá me hace tostadas francesas para el desayuno”. La escena, tomada de la película Kramer versus Kramer (1979)
-que fue pionera en este tema- desnuda los conflictos de un padre (Dustin Hoffmann) que de buenas a primeras se encuentra solo frente a la singular tarea de criar al niño, porque su esposa (Meryl Streep) se ha ido de casa. Hoy, cada vez más hombres viudos o divorciados enfrentan con distinta suerte esta misma situación.

En la Argentina ha crecido el número de hogares monoparentales a cargo de varones. La investigadora Catalina Wainerman, autora del libro Vivir en familia (Losada, 1994), explica: “Si bien aún son pocos, su número casi se duplicó entre los dos últimos censos y todo indica que continuará aumentando”. Aunque no existen datos más recientes, sus conclusiones se apoyan en una serie de hechos sociales que enmarcan esa tendencia, como “el aumento del número de madres que trabajan, el creciente desempleo masculino y femenino y el surgimiento de grupos que replantean el papel del varón y hablan de A una nueva paternidad”. Por otra par- te, Eduviges García, psicóloga de la Asociación Nuevos Padres (ANUPA), hace notar que cada vez son más los hombres que, al divorciarse, reclaman una tenencia compartida de los hijos. García afirma: “En general, son padres que ya se ocupaban de los hijos antes de separarse o de perder a su compañera. Pertenecen a la primera generación que protagonizó, desde el embarazo, el hecho de la paternidad presenciaron el parto y bañan y cambian al be-bé con igual soltura que la madre”.


Eugenio Brignole -52 años, empleado- es padre de 8 hijos: Claudio (20), Carolina (18),Cecilia(16),Cé-sar (15), Camilo (13), Carmelo (12), Corina (10) y Candéla (5). Cuando se separó de su mu-jer, ambos acorda- ron repartirse los chicos. Eugenio vive con los 4 varones, más Carolina y la pareja de ésta.

Con una familia tan numerosa, no es fácil para él llevar adelante la casa: “Cuando nos separamos, se me vino el mundo abajo. Yo tenía una pequeña editorial dedicada a la venta de libros y manuales para docentes. Al irse mi mujer, tuve que dejar de viajar, que era lo más redituable para mi trabajo. Los chicos empezaron a tener problemas
en el colegio. Sin su apoyo, me sentía abrumado”.

En los primeros tiempos, Brignole contrató, sin suerte, a varias señoras para que cuidaran a los chicos y lo ayudaran con las tareas de lacasa. “Duraban poco,has-ta que ya no pude pagarles -cuenta-. Ahora nos tenemos que arreglar entre nosotros, con una mano que nos da mi ex esposa cuando viene. Yo aprendí a delegar funciones: me apoyo en los dos mayores, que me
ayudan a controlar a los más chicos. Antes era más permisivo, pero al estar solo, tuve que ponerme más estricto. Por ejemplo, los horarios para la comida y el uso del teléfono son inamovibles. También colocamos un ayuda-memoria en la puerta de la heladera, donde se indican las tareas que le tocan a cada uno en la semana.”

García dice: “Las tareas domésticas no son el principal escollo que enfrentan los padres solos. Aunque muchas mujeres suelen tener el prejuicio de que ellos no son capaces de cuidar a los chicos y de ocuparse del hogar, lo cierto es que a los hombres les cuesta menos de lo que creemos hacerse cargo de lo cotidiano”. Mientras las mujeres tienden a cubrir todos los papeles (madre, padre, trabajadora, ama de casa), para la especialista, los hombres hacen participar más a los chicos, con lo que también fomentan su independencia.

Roles y funciones
Según el enfoque de la psicología tradicional, la alimentación y la comunicación son funciones maternas; la protección y la imposición de la ley, en cambio, son paternas. Pero estos roles no tienen que ver con el género. Tanto el hombre como la mujer pueden cumplirlos. Un buen ejemplo de cómo esto es posible lo constituye la historia de Osvaldo (51), dueño de una empresa de electronica, quien enviudó hace 11 años. En 1996 volvió a casarse. Vive en Villa Urquiza, con sus dos hijos, Alicia (20) y Emilio (18). Su vida familiar cambió rotundamente con la muerte de Elena, su mujer, y tuvo que rearmarla. “Lo primero que hice fue organizar mi trabajo -explica-. Ubiqué mi empresa cerca de casa, a media cuadra, lo que me permitió estar muy conectado con los chicos. Además, contraté una mucama cama adentro que se encargó de la limpieza y la comida y yo me ocupé de hacer el seguimiento del colegio de los chicos y otras cosas, como elegirles la ropa o peinar a Alicia, que al principio gritaba ‘¡Papá, me tiras!’ Pero fui aprendiendo de a poco a hacer también ese tipo de cosas. Siempre estuve cerca física y emocionalmente. Además, al no tener un horario fijo, al mediodía los iba a buscar y almorzábamos juntos.”

La adolescencia de su hija Alicia no fue nada fácil. Se sabe que las chicas suelen hablar de los temas femeninos, como la menstruación, o de su sexualidad más con su madre que con su padre. “Yo traté en lo posible de que Alicia sintiera que podía contarme sus cosas -dice Osvaldo-. Pero eso fue bastante complicado.

Ella recurrió a una ayuda externa, principalmente a su psicóloga. Yo quise que contara con apoyo para que pudiera hablar de sus cosas: psicóloga, ginecóloga, médicos, tías y amigos. Siempre hubo buena comunicación entre nosotros, pero fue inevitable que surgieran algunos temas que no trataría conmigo y por ahí sí los hubiera hablado con su madre.”

Los padres que deben asumir solos la crianza de los hijos enfrentan la necesidad de replantearse lo que aprendieron de sus padres sobre la paternidad. Criar a los hijos es mucho más que resolver los temas de limpieza y comida. Patricia Cúneo, psicóloga, coordinadora de la red de asistencia Psicoayuda, explica: “Más allá de los problemas cotidianos, que los hombres resuelven con mayor o menor eficiencia que las mujeres, las mayores dificultades se encuentran en la comunicación con los hi-jos y en la disponibilidad para estar junto a ellos”.

A estos hombres, estar presentes y disponibles en el mundo de sus hijos les exige un cambio profundo. Tal vez porque fueron educados para avanzar sin | perder tiempo, intentar hacer otras cosas mientras están a cargo de sus hijos y no logrado puede llevarlos a sentirse frustrados. Sin embargo, tener éxito como padre no es hacer las cosas a pesar de los hijos.  Es aceptar un papel protagónico en una historia que dura al menos 20 años. Es disminuir el ritmo y dejar de lado algunas cosas, para poder tomarse el tiempo que ellos necesitan.

Luna – María Gabriela Ensink




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