Archive for September, 2009

Las diarreas estivales pueden estar producidas por bacterias (gastroenteritis por bacilo coli,  salmonelosis, disentería, tifoidea, paratífica), aunque prevalecen las producidas por virus, que son más benignas. Las playas, los ríos, las piscinas y, sobre todo, el agua y los alimentos contaminados, son las fuentes principales de infección.

Aumento de las deposiciones. El germen causante ataca la mucosa del intestino, produciendo una lesión responsable del desorden en las heces. Este suele comenzar bruscamente; las deposiciones se vuelven líquidas, acidas, malolientes y hasta es posible que contengan moco, sangre o pus. Pueden producirse entre dos y 20 veces al día. Cuando la infección es severa, la diarrea se acompaña de náuseas, vómitos, rechazo del alimento, irritabilidad, fiebre, dolor de panza, dolor al defecar e irritación de los márgenes del ano. ¿Grave o leve? Si la diarrea es benigna, se caracteriza porque las deposiciones son pastosas o líquidas, pero poco numerosas. Es posible que el niño tenga también náuseas y retortijones, pero no presentará fiebre. En este caso el tratamiento ha de ser una dieta adecuada y beber abundantes líquidos. Los antibióticos no están indicados.


Rehidratación. Hay que considerar una diarrea como grave cuando las deposiciones son líquidas y numerosas y el afectado tiene náuseas, vómitos, dolor de abdomen y retortijones. El peligro de este tipo de diarreas es que, sobre todo en pacientes de corta edad, pueden provocar un cuadro de deshidratación. Para evitar este riesgo, es necesario rehidratar al niño, reponiendo el líquido que ha perdido.
Cuándo es urgencia. Si la diarrea es muy prolongada, la fiebre elevada, las heces sanguinolientas y, especialmente, si el niño no tolera los líquidos, es preciso trasladarlo a un centro médico sin demora.

Una vez que desaparecen los síntomas, es necesario alimentarlo con cuidado, sin forzarlo, sirviéndole pequeñas cantidades cada vez. Los alimentos más indicados, cuando empiece a comer de nuevo, son el arroz, la manzana, la banana, la papa cocida y la leche diluida.
Cuando las heces se vuelven más sólidas, ya se puede incorporar la carne o el pescado blanco y el yogur.

Dr. FlorencioSantiago